En Argentina, la normativa sobre drones cambió drásticamente a partir de agosto de 2025. La desregulación de su uso es política vigente. Las reglas se flexibilizaron, pero siguen claras.
La ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil) ahora clasifica a los dispositivos en tres categorías principales:
- Los que pesan menos de 250 gramos, libertad total de vuelo (no requieren registro, ni licencia de piloto, ni seguro) vuelan de forma recreativa o comercial simple sin trámites.
- Hasta 25 kilos, es la más común y ya no se exige licencia de piloto ni curso de capacitación para estos drones.
- Más de 25 kilos o usos complejos en los que se emplean dispositivos de gran porte, sí se requieren autorizaciones especiales, seguros y certificados de explotador.
La meta principal de la liberación de requisitos por parte de las autoridades es que el uso sea mayor. En cuanto a la seguridad de vuela, se apela a la responsabilidad del operador. Al mismo tiempo, como el drone y su uso es aprovechado en áreas clave, los gobiernos de todo el mundo los tienen en agenda como parte del desarrollo de una nación. Cualquier freno burocrático es considerado un retraso en la economía.
En el país
Por el lado de Argentina que tiene en la agricultura un fuerte sustento, los drones son herramientas clave para fumigación selectiva. Una vista aérea y los costos de poner operativo un drone -antes que un vehículo- lleva a ahorrar; los controles en campos enormes toman apenas minutos.
Antes, un productor necesitaba trámites engorrosos para usar legalmente su equipo. La desregulación busca que el campo adopte esta tecnología masivamente para ser más competitivo a nivel mundial.
Bajo la normativa anterior, solo unos pocos centros estaban autorizados para dar cursos y habilitaciones. Con la apertura del mercado, cualquier instructor o centro puede ofrecer capacitación. “No más que eso”, responde Esteban Zelaya cuando se le consulta sobre si puede capacitar a alguien.
El tiene licencia de piloto de drone, podría infringir con sus conocimientos, pero lo suyo es la responsabilidad con la que mantiene "Servicios Profesionales de Drones" (SIORM), que se dedica a la operación de drones en la provincia. El operador reduce el valioso conocimiento que tiene, pero por sensatez. “Sí, podemos acompañar al usuario en la práctica, en familiarizarse con equipo de forma adecuada”, describe. Nada para él, pero la sociedad debería agradecerle porque lo que se ve volando en el cielo cada vez con más regularidad, pese a su envergadura pequeña, conceptualmente es igual de grande que un avión. Hay que juntar las manos para que quien está a cargo de los mandos, los opere consciente de la responsabilidad que asumió.
Ser comandante del pequeño dispositivo volador es un gran desafío y no debe tomarse a la ligera en ningún caso, ni comercial, ni recreativo. “Lo que sí vemos en la práctica es que cada vez hay más interés en profesionalizar la actividad”, reconoció Zelaya. ¿Puede entonces que el plan gubernamental funcione? El usuario recreativo quiere, pese a no estar obligado, sacarle el máximo provecho al aparato. El acompañamiento de un operador experimentado como Zelaya es importante, pero también para aprender como se debe, es fundamental un buen espacio de entrenamiento.
En lo posible similar a los SIAC. “Es un centro de aviación civil. Se hace la práctica, la teoría es en forma remota. Luego hay que rendir un examen frente a los inspectores de la ANAC. Por ejemplo, hay que hacer figuras en el aire o aterrizar sin ver la pantalla. La certificación profesional se puede hacer en Córdoba, Buenos Aires”, explicó el también arquitecto.
¿Fácil o difícil?
Con respecto a la complejidad que implica comandar la “mininave” el operador toma como ejemplo una práctica que resulta bastante efectiva si en algún momento de la vida el usuario la tuvo. “No hay que tener una habilidad nata. A mí me ayudó mucho el hecho de los videojuegos que se jugaban con joystick. Los mandos son muy parecidos”, detalla con un tono de simplicidad.
¿Es que se contradice con la calificación importante que viene realizando de la actividad? No, es justo donde Zelaya se pone más serio. El éxito del vuelo y de las toma de imágenes depende del factor responsabilidad del operador. “Al operar, pienso de esta forma: en el videojuego hay una sola vida, si el dron se cae, lo perdiste. ¿Por qué tiene tantas leyes y regulaciones? Porque si cae en el pasto o se queda agarrado en un árbol, los daños son materiales y mínimos. Pero supongamos que estás trabajando para una productora que viene de Buenos Aires, quiere filmar un partido de fútbol y el aparato cae en la tribuna, o en la cancha arriba de un jugador, las consecuencias son otras”, apuntó Zelaya.
En este sentido, con la desregulación, se produce un vacío legal porque al eliminarse la obligatoriedad del seguro para uso recreativo, el piloto “de juguete” -por calificarlo de alguna manera- no está exento de fallar por más de haberse capacitado. En un posible accidente, el dueño deberá responder con su patrimonio personal. Mucha gente no sabe que un accidente de dron podría derivar en una causa penal por "lesiones culposas".
Informarse hoy, no es un trámite, es la única garantía de que el hobby no termine en una tragedia o en un juzgado. En este nuevo escenario, la seguridad ya no depende de un sello, sino del criterio de quien sostiene el control remoto.